martes, 7 de agosto de 2012

Aliento.

Siento tu mano agarrando la mia. Abro los ojos despacio. Sólo puedo ver una luz cegadora que duele. Lentamente pierde su color blanquecino, y comienzo a apreciar motas de colores grises y negras. Te distingo con dificultad pero sé que eres tú. Puedo oler tu aroma tan parecido al amanecer de los veranos en Madrid. Tu frente se encuentra apoyada sobre mi mano húmeda. Probablemente sean lágrimas de tus ojos las que mojen mis dedos. ¡Mírame! Intento gritar pero no me oyes. No puedo captar tu atención y sigues llorando. ¡Mírame! Grito enfadado sin voz.

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