martes, 3 de febrero de 2009

Diario de una londinense

He estado en Londres unos días (del 03 Febrero al 07 Febrero 2009). El primer día, mi amigo se olvidó en Madrid las llaves de la habitación de la residencia, así que tuvimos que esperar más de una hora para que nos abrieran y ya no pudimos salir hasta el día siguiente :)
El segundo día fuimos a Brighton a visitar a una amiga. La ciudad parece un pueblecito, no tiene demasiado que ver. A mí el Royal Pavilion me gustó (aunque más en foto). Al final vas descubriendo que tiene su encanto (quitando que son un pelín asquerosos porque dejan la basura en la calle y el camión que la recoge sólo pasa un día a la semana, yo flipé. Olía a una mezcla de animales de pueblo ¡puag!).
El tercer día me pasé tres horitas sola viendo la National Gallery en Trafalgar Square, haciéndole fotos a los buses y taxis y cabinas telefónicas típicos de Londres y a los pasos de peatones que te indicaban en el suelo a que lado tenías que mirar, por el que venían los coches ("Look right" - "Look left") :D Llegué al St James' Park. Estaba todo nevado, el lago helado, le hice fotos a los bichillos que había por ahí (¡más monas las ardillas!)... y cuando estaba a punto de terminar el rodeo, un hombre me dijo algo en inglés (y claro no entendí nada,...) él me señaló hacia un lugar efusivamente y volvió a repetir algo, yo le puse cara de interrogación, y me dejó por imposible... acto seguido me caí por un precipicio... jeje que no. Pero me di cuenta de que lo que el hombre decía era que no había salida y tenía que volver :D. Luego llegué hasta el Big Ben, estuve un ratito corto bordeándolo y me dirigí al punto de encuentro donde había quedado con mi amigo. Comimos en un McDonals y después me siguió enseñando la ciudad. No diré las cosas que vi entre el tercer y el cuarto día respectivamente porque no lo recuerdo con exactitud. Entre esos dos días estuvimos en cuatro museos: The National Gallery, El museo de artes decorativas, The Natural History Museum, y The British Museum (me encantó la piedra de Rosseta, intenté maquinar un plan para llevármela a Madrid, pero no lo vi factible). Vi The Buckingham palace, la famosa noria (London eye) roja y otro día azul, pero no subí (queda pendiente),... y un sin fin de cosas más que están mezcladas en mi memoria ¡es imposible ver Londres en dos días!. Volveré. Es una ciudad que cuando salí del metro por primera vez (sin ver ningún monumento ni nada especialmente bonito), las calles oscuras, el frío... tenía no sé como un aroma que te decía que esta ciudad tenía algo especial. Atravesar el río Támesis de noche por el puente, la ciudad iluminada, la noria de color a tu derecha ¡ays! qué sensación.
Por las noches nos veíamos unos capis de futurama y a dormir pronto, y así al día siguiente seguir viendo cosillas.
Y de vuelta a casa, sola en el avión (menos mal que al final mi amigo me acompañó hasta el aeropuerto). Las vistas increíbles. No era la primera vez que veía las nubes desde arriba (por encima de ellas) esa idea me fascina. Y atravesarlas y que todo sea blanco ¡estar dentro de una nube!. Hacía un sol impresionante, era una vista ¡wow! Las nubes blanquitas (no podía quitarme de la cabeza a Heidi flotando en una de ellas), ver el mar y la tierra desde tan arriba me encanta... (Estoy intentando que quede claro lo que sentí y cómo era la imagen que mis ojos percibieron, pero es imposible, es indescriptible y fascinante a la vez. El hecho de viajar sola, me sirvió para tener ganas de hacer más cosas sin necesidad de ir acompañada por nadie. Descubrir lugares y vivir experiencias tipo "hacia rutas salvajes"* (bueno, no hasta ese punto). Mi problema son los idiomas. Y creo que todo esto me sitúa a mí frente al ordenador tecleando, contando una historia que a nadie le interesa, porque los viajes hay que vivirlos, intentando que permanezca siempre en mi memoria.