miércoles, 6 de febrero de 2008

Mundo de cristal



WORLD OF GLASS
Una niña de pelo rubio con grandes tirabuzones, vestida con un abrigo rojo, que permitía asomarse su falda gris, calzada con zapatos negros de charol y unos calcetines blancos que le cubrían los tobillos, corría deprisa, un poco temerosa, sobre la hierba verde que se movía de un lado hacía otro, por el aire que soplaba fuerte. Su recorrido en forma de zig zag entre los árboles desaceleraría su huida sin percatarse. Sin darse cuenta, algo pequeño y brillante saltó por un agujero de su bolsillo roto, que se había desgarrado no por primera vez. Su madre ya antes se lo había cosido, pero testaruda ella siempre lo llenaba de piedras, lo que tenía cierto sentido dentro de sus juegos imaginarios. Hacía mucho frío. El viento hizo rodar la pequeña canica, que ella conservaba desde hacía tanto tiempo como un objeto valioso, donde refugiaba sus sentimientos como si de una caja mágica se tratara. Transparente, captó por un momento los rayos de sol, hasta que se apagó al roce del contacto con el suelo, recientemente humedecido por las gotas que acababan de sufrir la gravedad. Fui incapaz de avisarla. No podía verme, pues aún no sabía de mi existencia, yo ni siquiera existía.

No miró nunca hacia atrás, quizá por el miedo, o quizá pensando que eso podría disminuir su ventaja. Se sentía cansada, sedienta y sin aire. Apoyó su espalda brevemente sobre un árbol, hasta que recobró el aliento. Pensó: "no hay tiempo" y continuó su viaje, según ella su destino. Llovía más y más fuerte. Su pelo estaba empapado y casi liso, sus rizos habían desaparecido por el agua que iba chorreando sobre sus hombros. Sentía mucho frío. Se refugió de la tempestad entre las ramas caídas de un sauce llorón. Nunca tuvo miedo del sonido de los truenos. Se recostó junto al tronco sobre el suelo seco, gracias a las hojas que paraban la lluvia. No pudo evitar que sus ojos se cerraran por el cansancio y el sueño... No sé exactamente cuanto tiempo estuvo ahí, soy incapaz de controlar las horas de la misma manera que lo hacen los seres humanos. En este mundo paralelo, visto el vuestro desde aquí, el tiempo no corre, es completamente estático.

Cuando los rayos de luz incidieron directamente en sus párpados, estos se abrieron. Al descubrir que ya era otro día, se echó a llorar. Sus ocho años se desvanecían poco a poco, su edad iba descendiendo como lo hacen los granos de arena de un reloj que marca el movimiento hacía atrás. Continuó ahora velozmente, ágil, diciéndose a sí misma que no volvería a derramar una lágrima más, mientras que su dedo índice secaba sus ojos por última vez. Aunque esta promesa no llegó a cumplirse. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.*

Ocurrió cuando llegó a orillas del río Yamura. Vio en la distancia el palacio* que tanto tiempo le costó encontrar. Atravesó la puerta principal. Una vez dentro sintió estar en el centro de un laberinto. Y al fin lo encontró. Ese era el lugar. Alguien había guiado sus pasos hasta allí, un dragón inexistente para ella. Sobre un altar se encontraba una cavidad. Entendió desde el momento en que la vio, que tenía que introducir ahí su pedacito de cristal. Cuando creía que todo iba a terminar, buscó y rebuscó, pero su canica ya no estaba. Incumpliendo así su promesa, rompió a llorar. Creo recordar que esa sí fue la última vez que lo hizo. Se vio reflejada en un espejo y observó sus seis años de edad. Su vida se desvanecía. Sabía que si regresaba a buscar lo que había perdido, no llegaría a tiempo...


*Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión- La historia interminable.
*Taj Mahal

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